Un viernes 13 negro en París

13 de noviembre 2015.

Yo estaba cenando en casa, a unos pasos del Bataclan, y el ambiente entre los comensales era ligero y alegre. Las sirenas que se oían por las ventanas de nuestro 6º piso fueron interpretadas como rutina de viernes: las peleas de borrachos son el folklor del barrio de Oberkampf, repleto de bares.

Entre copas y vino tinto, escuché sonar mi celular: un mensaje whatsapp de una amiga desde Montreal. “Ne sors pas”: “No salgas”. Y luego la explicación inexplicable: “Parece que hay balaceras en diferentes puntos de París. Un ataque terrorista. Me estoy enterando por twitter”.

Interrumpí las conversaciones en la mesa; prendimos la radio. En France Info, el presentador seguía comentando el partido de futbol entre Francia y Alemania, como que si nada. Por las redes sociales, nos fuimos informando. Dieciocho muertos. Empezamos a enterarnos: explosiones alrededor del Stade de France (pero el partido seguía), otra en un Mac Donald’s vecino, balaceras en los bares, y sobretodo un secuestro durante un concierto de música metal en el Bataclan, esa sala de conciertos que hasta la fecha solo me traía recuerdos de bailes sin aliento y cantos a todo pulmón.

la sala del Bataclán antes de los hechos
la sala del Bataclán antes de los hechos

Poco a poco iba subiendo la tensión. En la radio ya pasaban todas las noticias: de dieciocho pasaron a cuarenta las víctimas. Todo parecía ya tan irreal. Los periodistas frente al Bataclan hablaban a tientas, decían que las personas seguían adentro y que detrás de la puerta se escuchaban balas. Minutos después, la policía forzó la entrada de la sala de conciertos haciendo el pavoroso hallazgo de más de ochenta muertos, mientras que los terroristas kamikazes activaban su cinturón de explosivos, gritando “Allah Akbar” “Dios es el más grande”.

Una escena irreal, sobrenatural, en una ciudad donde el ambiente suele ser libre y ligero. Solía.

En esa noche sangrienta fallecieron estúpidamente 129 personas; 352 fueron heridas, entre las cuales 99 aún se encuentran entre la vida y la muerte. Las víctimas colaterales, la paranoia palpable, el racismo en subida, todo eso no se puede cuantificar; pero se puede sentir, en cada conversación, en cada mirada.

El pasado 7 de enero, los terroristas se atacaron a un símbolo, Charlie Hebdo, un periódico satírico y antirreligioso. Hoy, los terroristas se atacaron a algo más sutil: la juventud, la inocencia, las ilusiones, la diversión occidental.

¿Qué se puede decir tras semejante barbaridad? ¿Cómo tratar de analizar lo incomprensible?

Para todos queda claro que los terroristas están luchando en Francia contra valores que rechazan. El Presidente Hollande reaccionó declarándole “la guerra sin piedad al terrorismo”. Sin embargo, me cuestiono: ¿Cómo hacerle la guerra a una “mano invisible”? ¿Acaso los islamistas, sembrando el terror, lograrán imponer la Chariah en Europa? ¿Acaso con armas lograremos diseminar el terror?

Hollande se expresa tras los atentados.
Hollande se expresa tras los atentados.

En los años 1980, el mundo era bipolar, y se dividía entre dos concepciones políticas y económicas: el liberalismo y el comunismo. Aunque hubo numerosas malinterpretaciones, éstas eran nociones racionales, explicables, institucionales, y representables por partidos políticos. Hoy en día, tras décadas de hegemonía, el mundo se está volviendo nuevamente bipolar, pero en la actualidad los valores que se defienden son intangibles, culturales, espirituales. Las aspiraciones personales son las que están en juego, de la mano de una visión del Bien y del Mal que no puede comunicarse al “otro”, porque simplemente están hay una profunda incomprensión mutua.

Si, existe el Djihad, el Daesh, la subida del Islamismo extremista; es un contexto internacional como hubo la Guerra Fría, y sin embargo dentro de cada país hay una realidad local, hay un terreno más o menos fértil para la subida de la violencia y de la paranoia. En Francia, tras la independencia de las colonias árabes en los años 1950 y 1960, los inmigrantes llegaron masivamente. No olvidemos que manos árabes y africanas fueron las que reconstruyeron este país después de la 2nda guerra mundial. Sin embargo, estas comunidades viven en barrios pobres y siguen sufriendo del racismo y discriminación. Muchos de ellos reaccionan ocultándose em el “comunitarismo”, o sea el encierro cultural. Algunos pocos se van a los extremos.

No estoy – en absoluto – justificando este acto de una barbarie sin nombre. En el país del libre albedrío, de la libertad de movimiento y de expresión, en una ciudad en que una chica – como yo – puede volver a su casa a las 3 de la mañana en falda sin temer por su integridad; en una sociedad que lucha por la igualdad de género, por la laicidad, y que vive, baila, ama libremente, no hay cabida para aquellos ciudadanos franceses que dicen respetar el Corán pero que en realidad se nutren del resentimiento y odio hacia nuestro modo de vida occidental. Pero rechazo que todos los árabes se vuelvan enemigos públicos. Lo hemos visto en nuestros países: la lucha contra el enemigo interno puede volverse una peligrosa casería de brujas imaginarias, capaz de desencadenar una guerra fratricida y el miedo visceral hacia lo “diferente”.

De aquella noche sangrienta he logrado extirpar de mis tripas estremecidas dos conclusiones:

  1. Hoy más que nunca la sociedad occidental debe integrar a las comunidades árabes, para evitar que jóvenes perdidos sigan buscando refugio en la mal llamada “Guerra Santa”.
  2. Seguiremos saliendo a tomar vino tinto a las terrazas de los cafés. Porque aquí como en todas partes la vida sigue y nadie detendrá su ritmo desenfrenado y alegre.
HOPE - by Viktorija Gecyte
HOPE – by Viktorija Gecyte

Published by ChristinaCM

Chapina parisina en busca de emociones culturales Viajante de lo inaudito Centraca en el alma En papel : licenciada en gestión cultural (Université La Sorbonne Nouvelle - París) y máster de Estudios Latinoamericanos (Instituto de Iberoamérica - Universidad de Salamanca - España). Actualmente: administradora para La Caféothèque - París Fundadora del colectivo de curaduría en cafés Coffeexhibits Fundadora y presidenta de la asociación ACÁ : Asociación Centroamericana en París

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