Cisco Merel : una residencia artística en París

Cisco Merel es un artista panameño; residente del taller ARTICRUZ de Carlos Cruz-Diez, mundialmente conocido Maestro del arte cinético.

Cisco Merel ha expuesto en varios países, entre cuales Estados Unidos (San Francisco, Los Ángeles, Nueva York, San Antonio…), Bélgica, Alemania, Perú, Argentina, México…. En 2010 recibe una beca de Culture France, el organismo de cooperación cultural del Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia, para una residencia en la Cité Internationale des Arts. Así nos conocimos, un día que vino a tomar un café a La Caféothèque, y terminamos tramando la realización de un mural-quetzal en la entrad de la boutique.

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Mural-Quetzal por Cisco Merel, en La Caféothèque.

CCM : Cuéntanos cómo llegaste a París, el momento en tu carrera y a través qué mecanismos. ¿Cuanto tiempo te quedaste?

CM Había terminado mis estudios formales de Artes y estaba dando mis primeros pasos como artista en Panamá. Siempre había deseado poder salir a expandir mis estudios afuera, pero por cuestiones económicas no me era fácil. Un buen día, Mariana Pereira de la Embajada de Panamá en París me llamó y me comentó de la posibilidad de una plaza disponible en uno de los talleres de Culture France en La Cité des Arts. La Embajada me ofreció media beca y José Félix Llopis, un coleccionista extranjero que vivía en Panamá y había organizado una residencia en la isla de Contadora en 2008 donde pude participar, me apoyó con la otra mitad a cambio de obra. Así fue como volé a París…. 

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el edificio de la Cité Internationale des Arts, en los bordes del Sena, en París

CCM : Cuéntanos alguna anécdota sobre tu vida en la Cité des Arts.

CM : ¡Lo más anecdótico para mí fue el hecho de haber tenido un estudio en París para trabajar, pero con tanto para ver yo solo quería estar afuera recorriendo todo París! Fue una experiencia inolvidable, estar rodeado de artistas de todo el mundo, compartiendo inquietudes y experiencias, creando nuevas amistades. Los museos, las exhibiciones de galerías y toda la ciudad fueron de gran inspiración.

CCM : ¿Qué te aportó esa residencia en tu carrera artística?

CM : Durante esta residencia pude aprender mucho sobre arte en general y cómo adaptarme a un entorno diferente, aún consciente de mi propósito. Por ejemplo, el estudio que tenía era muy pequeño y esto me forzó a plantear otra manera de trabajo, como las intervenciones públicas y la fotografía.  Una gran fortuna ha sido conocer al maestro Cruz-Diez y su familia, radicada en ese entonces en Paris gracias al artista panameño Humberto Vélez que me presentó. Años más tarde ellos abrirían el taller Articruz en Panamá y yo comenzaría a trabajar varios proyectos en su estudio.

CCM : Dime un antes y un después de la residencia 

CM : La diferencia es muy grande, poder tener la experiencia de conocer lugares, culturas de todas partes, las amistades… te hace crecer a nivel profesional y personal.

CCM : ¿Crees que París sigue siendo una “meca” para los artistas del mundo latino? ¿Cómo viste la actividad cultural en la Ciudad Luz?

CM : Creo que no, todo ha cambiado. Hay varias ciudades interesantes para visitar o hacer residencias. El hecho de salir siempre aporta algo nuevo. Ver los museos y exhibiciones en Paris fue algo espectacular.  La vida allí es muy rica culturalmente, hay mucho para ver, pero también es costoso.  Realmente pienso que la “meca” ahora es el internet, donde puedes “estar” en cualquier parte del mundo, conocer artistas, galeristas, coleccionistas. dialogar con colegas y hacer proyectos en cualquier parte del mundo. 

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Street Art en París – Cisco Merel frente a su obra en el canal de l’Ourq

CCM : ¿Crees que hablar de nacionalidad tiene relevancia en el mundo del arte actual? 

CM : La nacionalidad siempre esta implícita de alguna manera. A veces de formas muy directas, y otras no tanto. No podemos negar nuestros orígenes, el lugar de dónde venimos siempre está conectado con la obra, es inherente a la historia de cada uno. 
CCM : ¿Te identificas como artista centroamericano?

CM : ¿Qué es ser artista Centroamericano? ¿Acaso no somos todos un poco de todos lados? Creo que si no me identificaría CA estaría negando de donde soy, pero a la vez creo en los lenguajes más universales. No adhiero a las etiquetas. 
CCM : Sé que trabajaste con Guatemala, pintando un mural para la ERRE. ¿Cómo fue esa colaboración? 

CM : Andrés Asturias, el director de la ERRE me convocó para varios proyectos en Guatemala: un mural para el centro cultural primero (2014); luego una comisión de mural de 10 pisos de altura en un edificio de la zona 4 (2016) y luego una exposición individual en la ERRE (2016). Todas las veces fue un placer compartir con el equipo de la ERRE y la gente de Guatemala.  

CCM ¿Has realizado obra o expuesto en otros países de la región? ¿Te parece que Centroamérica puede ser vista a nivel internacional como una unidad cultural?

CM : En Latinoamérica he realizado exposiciones en Nicaragua, Guatemala, Honduras, Méjico, Puerto Rico y Argentina. Creo que Centroamérica y el Caribe si bien se las identifica como región, no dejan de ser países independientes, con singularidades y características distintas entre sí. ​

 

Terres Rêvées

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exposition à La Caféothèque

avec : Gaelle Correa, Zayda Granada, Colleen Hill-Bataille, Cristobal Ochoa, & Camila Salame

Loin… au-delà des frontières, au-delà des montagnes, au-delà du désert, au-delà de l’Océan.

Loin – c’est là où se trouve une terre idée, une terre légende, une terre rêve.

C’est là que se posent les yeux des artistes, dans ce loin qui représente tout : succès, idées, champ de tous les possibles, exotisme.

Des bribes d’images, qui circulent et forgent l’imaginaire.

Et parfois, ce loin devient symbole d’une nouvelle page de vie. Et il devient là, présent, partout. Alors le loin est la terre d’origine, la terre du sang et des racines, que l’on découvre, surpris, sous d’autres lumières.

Austin, Caracas, Bogotá, Cali, Beyrouth et Paris : cinq artistes créent, inspirés par cette terre rêvée qu’ils incarnent. Ne serait-ce pas cette géographie imaginaire, imagée, en images, leur véritable territoire ?

Pour voir le catalogue, ouvrez le lien ci-dessous

Chrysalides | Paloma Kuns

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Entre la larve et le papillon, il existe ce stade intermédiaire : la chrysalide, espace-temps de la métamorphose, moment magique où le corps se concentre, se replie, pour mieux créer ses formes, ses couleurs; pour mieux éblouir à la lumière. Paloma Kuns crée, inspirée par les insectes, et aussi par la maternité, la vie de femme, la vie d’être vivante qui se gorge d’eau et de soleil. Ses peintures et dessins aux gestes uides chuchotent au spectateur des histoires de…larves ou papillons?… peu importe. Ne sont-ils pas les mêmes? ’essentiel réside dans la transformation

Christina Chirouze Montenegro, Curatrice

La Bienal Centroamericana 4: Arte y consciencia ecológica

 

La mayoría de quienes están leyendo esta crónica vive en una ciudad, es decir e un sistema urbano hecho de calles con semáforos, aceras, conjuntos habitacionales, centros dedicados al ocio y al deporte, barrios residenciales, negocios, carros, transportes públicos, centros comerciales, oficinas y generalmente mucho tráfico. Las ciudades son espacios geográficos que han ido creciendo, voraces y bastante despiadados ante la Naturaleza, aniquilándola en vez de integrarla ; y que van absorbiendo zonas rurales. A lo largo de la historia, la urbanización ha cortado al ser humano de la “Madre Naturaleza”, hasta el colmo de empacar en plástico cada fruta en los supermercados, y especialmente aquellas que han recorrido miles de kilómetros en avión para llegar a nuestro plato, consumidores tan exigentes como inconscientes.  Este sistema social y geográfico parece funcionar por encima de las leyes naturales, y nosotros, sus habitantes, nos vamos creyendo invencibles. Casi creemos que podemos dominar a la Naturaleza, a golpes de cemento, vallas y gasolina.

Las civilizaciones indígenas conocedoras y adoradoras de la Naturaleza han existido en todo el istmo desde tiempos inmemoriales. Pero en el mundo en el que vivimos, la urbanización va de la mano con la ladinización de millones de indígenas que, al decidir dejar la tierra de sus antepasados, prefieren negar sus orígenes con la esperanza de así adaptarse mejor al mundo laboral, y ascender socialmente. Y eso conlleva una ruptura muchas veces brutal con la tierra y sus elementos.

En la X Bienal Centroamericana, varios artistas trataron el tema de la ilusoria dominación del ser humano ante la Naturaleza para subrayar algunos vicios de nuestra “civilización” occidental. Más que una voluntad de concientizar al público, las obras presentadas son testigos de las preocupaciones y voluntad de cambio por parte de los artistas de la región.

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En su díptico Centroamérica sumergida expuesto en el Museo Nacional, Oswaldo De León Kantule “Achu” representa el istmo y sus habitantes hundidos bajo las aguas, como signo de su preocupación por la subida del nivel de los océanos que amenaza la tierra de su pueblo. Como lo indica el artista, según estudios realizados en esta zona, el nivel del mar ha aumentado tanto en los últimos cuarenta años que pueblos enteros tendrán que mudarse a tierra firme.  El artista de la etnia Guna de Panamá lleva varios años investigando sobre el tema, y le preocupa también el daño causado por la contaminación acuática, los plásticos que invaden la vida submarina y afectan la economía y el medio ambiente de los pueblos pescadores de las islas Caribe. Este díptico se completa con un video interactivo : Dupu, (isla) La casa de los Gunas que se hunde. De forma lúdica y educativa, el vídeo documenta, paso a paso, el proceso de creación del olio. El espectador, tocando la pantalla, puede ver videos cortos relacionados con el tema. Esta obra fue realizada con el apoyo de los ancianos de su pueblo, aunando así enseñanzas ancestrales y tecnología avanzada, prueba de que ambas pueden coexistir y luchar por una sociedad más responsable.

También presentada en el Museo Nacional de Costa Rica,  la obra del guatemalteco Naufus Ramírez Figueroa toma la forma de una instalación sonora: al entrar en la oscuridad, se escuchan grabaciones de pájaros en su medio natural, y se adivina el ambiente de la jungla tropical; un ambiente que recordará a algunos caminatas en el Petén, a otros respiros en Costa Rica; momentos en que cada persona se para, conmovida por una fuerza que nos une, maravillada ante la inmensidad de los árboles, la biodiversidad escondida detrás de cada hoja, y a la vez impresionada por la vulnerabilidad de nuestros pequeños seres.

Un paso más adelante, se entra en un cuarto peculiar, en el que se presenta la obra Los Creadores de Lourdes de la Riva. La artista guatemalteca lleva años observando  a las polillas, verdaderas inquilinas de su estudio, que se nutren de madera y libros… o sea de creaciones y conocimiento humano. Las polillas, habitantes clandestinas de las creaciones humanas, devoran sin saberlo los pensamientos plasmados en libros y debilitan la madera que sostiene edificaciones enteras. La artista trabaja así en “colaboración” con los insectos, aceptando su reinterpretación de lo intervenido; y presentándolos como creadores de nuevos sentidos.  En un cuarto separado, cuelga una viga llena de pequeñas banderas : “La Gran Victoria”. Al acercarse, el espectador se da cuenta que las banderas representan una polilla y están insertadas por la artista en agujeros hechos por ellas. “Yo no soy más que la agente de las polillas” me dice la artista en una entrevista. Una obra que replantea el lugar de estos insectos. Los caminos  trazados, las formas que ellas “deciden plasmar” son transformadas por la mirada de De la Riva: el negativo se vuelve positivo, y la plaga se vuelve creadora.

El costarricense Christian Salablanca, en la obra Estudios de Vulnerabilidad lleva un estudio comparativo, casi biológico, entre sociedades humanas y animales. Las relaciones de poder de los depredadores  y la vulnerabilidad de algunas especies se vuelven un eco a la construcción de las sociedades centroamericanas. Sus dibujos sumamente científicos ilustran el libro, donde se cuelan reflexiones del artista, derivadas de sus observaciones: “La lucha será más severa entre organismos de la misma especie”; “Uno tiene que devorar al otro para poder sobrevivir, y el otro tiene que actuar como el que devora para poder subsistir”

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En el Museo de Arte y Diseño, Naufus Ramírez Figueroa presentó  Feather Piece : un performance filmado, en el que el artista perfora su brazo con plumas negras « referencia a los rituales prehispánicos de transformación », una metamorfosis en los nahuales, a la vez protectores y almas gemelas.

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Asimismo, aunque el « desarrollo » de nuestros países haya engendrado megalópolis y que el tráfico se haya vuelto una verdadera plaga en todos nuestros países, en Centroamérica podemos ser humildes ante nuestro Medio Ambiente. Todos acá sabemos que la Naturaleza siempre termina recordándonos su preeminencia : tifones, huracanes, terremotos, maremotos, o erupciones de volcanes (como la del Turrialba que me dio la bienvenida en San José) parecen regañarnos, de forma periódica, recordándonos nuestra inferioridad, como género y como civilización.

Recordemos que la palabra Huracán (adoptada en casi todos los idiomas) viene del Maya Quiché Hurakán, Dios del viento, del fuego y de las tormentas que participó a la creación del Hombre a partir del maíz. La Naturaleza destruye, y da vida a la vez.

Centroamérica es un istmo puramente volcánico, un accidente en términos geológicos que unió con capas de lava a América del Norte y del Sur, a lo largo de los milenarios y de las erupciones y que se fue alzando al cielo con altas cimas montañosas. Pero ¿quién sabe? Tal vez algún día el mar volverá a cubrir la tierra…

El arte puede mover montañas.

 

 

 

 

Bienal Centroamericana 3: Memoria histórica y subjetividad

¿Qué es la Historia de un país, sino una construcción subjetiva decidida desde el ámbito político; una creación de identidad colectiva, impuesta desde el aparato estatal? En nuestros países, cuya historia contemporánea es de las más convulsas y polarizadas del planeta, la Historia oficial es escasa, y entra muchas veces en conflicto con las historias personales, vividas. La Décima Bienal pone especial énfasis en la Historia de Centroamérica a través de varias propuestas interesantes.

Como simbólico punto de partida, la ceremonia/parranda de inauguración de la Bienal tuvo lugar en la ciudad de Puerto Limón, embarcadero de mayor importancia comercial en la región desde inicios del siglo XX,  en un monumento que podría ser considerado como patrimonio histórico centroamericano: el antiguo edificio de la United Fruit Company. Haciéndole un guiño al apelativo de “Repúblicas Bananeras” que nos tatuó durante todo el siglo XX, varios artistas intervinieron el espacio: una forma de  reapropiarse las cicatrices del pasado a través del humor.

Libidiunga Cardoso y Cecilia Lisa Eliceche, creadoras de “Banana Experience 3D”, convocaron a un taller intensivo que se propone “analizar, comer, saborear, leer, masticar, tragar, digerir, tocar, mover, jugar, bailar, pelar, chupar, burlar, vestir, incorporar y sobre todo resbalarnos juntos en el Archivo Banana, un archivo digital que reúne casos en que el banano surge en la historia del arte y cultura popular como un índice de tensiones geopolíticas, desde el siglo XVII al siglo XX. » Así nacieron una variedad de “obras bananeras”, en la línea de las de nuestro consagrado Moisés Barrios, que nos unen como sociedades.

De forma más íntima, varios artistas trabajaron el tema de la memoria histórica percibida desde individualidades muchas veces invisibles. Una de las primeras obras que tuve la oportunidad de ver en la Bienal fue el vídeo de Donna Conlon y Jonathan Harker

2015 Under the Rug (Bajo la alfombra) from Conlon and Harker videos on Vimeo.

Sobre esta obra, los artistas presentaron un texto que me parece interesante citar:

« Todos hemos barrido cosas bajo la alfombra. Es tan fácil, tan conveniente: lo feo y lo sucio desaparece rápidamente bajo una superficie uniforme. Colectivamente, hacemos lo mismo, al esconder los episodios más nefastos de nuestras historias bajo mantos de silencio y olvido. “Aquí no ha pasado nada.” La nación panameña fue fundada y creció entre movimientos furtivos diseñados para encubrir su carácter infame, inmoral y humillante. Quizás por eso somos buenos para borrar el pasado y obviar el presente. Rubén Blades canta “prohibido olvidar”, pero el himno nacional de Panamá lo contradice de lleno, proclamando imperiosamente : “es preciso cubrir con un velo el pasado, el calvario y la cruz.” »

Asimismo, los artistas denuncian el famoso “borrón y cuenta nueva” que, en vez de dejarnos más livianos para avanzar, nos paraliza como sociedad. Esa forma de ignorar un pasado que molesta la vista y la vida, la aplican tanto los Estados –a través del simbólico himno nacional–, como los mismos miembros de la sociedad.

En Dictar y Recordar – Literatura Gris, el artista hondureño Paul Ramírez Jonas se propone lo imposible: escribir una historia total de su país, desde los testimonios que sus compatriotas compartieron con él durante una noche y un día completos de octubre de 2010, cualquier persona pudo dictar su pedazo de la historia con plena libertad a una de las diez mecanógrafas que estaba de turno. Cada voz fue plasmada en páginas, y las páginas formaron un libro. «No hubo precondiciones» indica el artista, «ni esfuerzo al consenso. Esta invitación estuvo abierta a todo el público, no importaba si sabían poco, mucho, si le gustaba exagerar, mentir, o decir la verdad». Porque al final de todo, la verdad es siempre subjetiva, ¿no es cierto?

Otra forma de rescatar una historia vivida ha sido el proceso de la obra Aldea Modelo, pequeña historia, 1984 de la artista guatemalteca Yasmin Hage. Desde hace varios años, la artista ha realizado un trabajo que navega entre la investigación y la creación. Tras entrevistar a Don Nicómedes, habitante del poblado “La Técnica” en el Petén, Hage recreó, en una maqueta a escala 1:2, esa “aldea modelo” donde él, como muchos, fue desplazado y encerrado durante el Conflicto Armado Interno. En La Técnica, lejos de sus tierras y de sus familias, los hombres eran controlados para impedirles entrar en contacto con la guerrilla. Una forma de someter a la población civil, de crear “polos de desarrollo” irrespetuosos e impositivos. Esta práctica se vuelve un eco terrorífico de las “reducciones” de la época colonial, en las que los mozos, sin poder salir y pagados con una moneda que solo servía en los negocios del patrón, no eran más que esclavos sin nombre de esclavos.

Así, la historia silenciada de una parte de la sociedad civil guatemalteca sale a la luz. Una historia chica que, como en el caso de la obra de Ramírez Jonas, es una pieza del rompecabezas de la Historia grande, la nacional. Para esta ocasión, la artista presentó un libro pop-up: versión plegable, y por ende transportable, de la maqueta original. Este formato práctico y  quebradizo “como el frágil teatro de la Historia”, le permite mostrar la obra a más grande escala. Hage: misionera de una historia que no existe, aun, en los libros oficiales.

Otras obras intentan dar un nuevo sentido al pasado reciente. El Juego/The Game es una propuesta del colectivo salvadoreño “The Fire Theory”, como un método casi sociológico de pacificación social: en un antiguo campo de batalla, organizaron y filmaron un partido de fútbol entre dos equipos conformados por ex-combatientes de la Guerrilla salvadoreña y veteranos de las Fuerzas Armadas de El Salvador.

A su vez, el musicólogo y artista plástico hondureño Pavel Aguilar realizó una obra sonora peculiar: Sin-Phonia, que toma como base las entrevistas realizadas a miembros del ejército sobre sus experiencias de vida. Los audios son intervenidos mediante un software de interpretación de sonidos, transformando las entrevistas en partituras musicales. Los testimonios están transcritos debajo de las notas musicales, como letras de melodías ligeras. Esta obra da una visión de la historia desde un ámbito del poder, pero escrita por personas que suelen ser simples piezas de una gran maquinaria: una reflexión sobre jerarquías sociales, y el poder ejercido de forma violenta aunque discreta dentro de las mismas instituciones dominantes.

En Juegos de Guerra en Loop, el artista nicaragüense Alejandro de la Guerra se refiere a la Historia desde un enfoque contemporáneo: su obra es un carrusel dorado y luminoso que da vueltas con una única figura: una estatua de un militar de alto rango, montado en un caballo, y empalado en una columna del carrusel. La estética mágica-hipnótica del carrusel, símbolo de la niñez inocente, contrasta con la figura del dictador: éste, con cierto deje majestuoso, está cubierto por la mitad de una pintura oscura, que hace pensar al lodo o al petróleo, como si se le hubiese arrojado encima la misma irreverencia. Asimismo, la obra recuerda no solo la caída del caballo de Somoza en 1979, sino también la actual situación política de Nicaragua. Los juegos de poder, lo absurdo de los mecanismos de dominación política, resultan siendo juegos infantiles que giran en círculos sin sentido.

Desde cada una de las sedes de la Bienal, la Historia reciente se hace eco, se responde, se interpela. Los artistas, desde sus visiones, trasmiten esa historia que, por la mayoría, no vivieron. La preocupación de comunicar sobre los testimonios de sus compatriotas se hace aun más punzante, más necesaria, porque el arte puede ser la mejor forma de comunicar. ¿Un compromiso? No, porque en nuestra época postmoderna no se piensa poder cambiar el mundo con una obra… pero si una necesidad propia, que sale de las conciencias de los artistas, y de sus tripas; para denunciar, para preguntar, y sobre todo para abrir el debate.

 

Y para ti ¿qué es la historia reciente?

La Bienal Centroamericana 2: la sociedad centroamericana y sus mecanismos de poder

 

« Saludar al vecino ; acostarse a una hora

Trabajar cada da para vivir en la vida

Y contestar solo aquello y sentir solo esto

Y que Dios nos ampare de malos pensamientos ;

Cumplir con las tareas, asistir al colegio

¿Qué dirá la familia si eres un fracasado?

Ponte siempre zapatos, no hagas ruido en la mesa

Usa medias veladas y corbata en las fiestas.

Las mujeres se casan siempre antes de 30

Si no vestirán santos, aunque así no lo quieran

Y en la fiesta de Quince es mejor no olvidar

Una fina champaña y bailar bien el vals… »

 

Ya la esta tarareando, ¿verdad? Si esta canción de Shakira tuvo tanto éxito cuando salió su disco epónimo (Pies Descalzos) en 1995, no es un azar: para los Latinoamericanos, y quizás con mayor énfasis para los jóvenes de Centroamérica, esta letra resuena como un portavoz de lo que todos sufrimos y nadie ya ve: las estrechas reglas de comportamiento social. Si algo nos une en Centroamérica, a diferentes niveles sociales, en zonas urbanas y rurales, es la omnipresencia del qué dirán. “Hazte fama y échate a dormir” se escucha, y aumenta la censura y autocensura. Todo tiene su regla implícita: como vestir, a quién frecuentar, a qué lugares salir, qué decir y de qué manera, cómo actuar según las diferentes situaciones, qué valores defender, qué modales observar en la mesa, a qué edad casarse y con qué tipo de persona, qué profesión ejercer, y hasta a qué horas hay que estar dormido, en su cama. Todo eso para entrar en la categoría de “gente de bien”, para defender el honor de la familia o de la comunidad, o simplemente para evitar que las malas lenguas hablen. “Pueblo chico infierno grande”. Y más vale cuidarse. Esta serie de reglas no está escrita en ninguna parte pero llega a ser tan omnipresente e integrada que se va marcando en las miradas, en las actitudes, en las palabras… se concreta en actos a veces violentos, en las pastillas antidepresivas. Quizás no sea un azar si en los países de Centroamérica la taza de alcoholismo llega a ser tan alta. Alguna escapatoria había que encontrar… y paradójicamente, el consumo de alcohol se beneficia de una buena aceptación social.

Como siempre, los artistas ponen el dedo en la yaga. En la Décima Bienal de Centroamérica, muchos trataron a través de las obras presentadas el tema de los modelos sociales, los roles impuestos, los buenos modales. Sobre esto será mi segundo análisis de la Bienal Centroamericana.

La instalación Tocar/No Dominar presentada en el Centro Cultural de España de San José (sede El Farolito) es particularmente sugestiva. El artista y comisario Diego Del Pozo Barriuso dirigió 5 talleres en Nicaragua y Costa Rica: la instalación en El Farolito es el resultado de ese trabajo colectivo de reflexión y recolección. ¿Qué significa ser hijos o hijas; ciudadanos; empleados o jefes, miembros de nuestras sociedades? ¿Cómo comportarse en público? ¿Quiénes somos en la familia, cual es el papel del hombre y de la mujer? ¿Qué significa, al final, “ser exitoso” o “ser feliz”?

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Más que dar respuestas, los artistas formulan todas esas preguntas al público. Así lo incitan a que, en vez de responder mediante el prisma de la sociedad, intente hacerlo desde su propia opinión.  A través de diferentes medios (collages, foto, video, instalación, dibujo, etc.) se analiza también cómo se van formulando las emociones aceptadas socialmente.

El artista argumenta: “Los discursos dominantes desde el poder nos hablan de que el odio o el miedo no responden a una política social determinada pues son emociones, y como tales responden a lógicas subjetivas y solo psicológicas ; sin embargo este discurso genera una psicologización y privatización de las emociones que sigue perpetuando una fuerte violencia social »

En esta sala, se ven obras de diversa índole.

Un collage mural con recortes de manuales de buenos modales para niños, fotos antiguas de familias « felices » y recortes de periódicos llama a reflexionar sobre los papeles que se suponen deben desempeñar los miembros de una sociedad. Un rompecabezas de madera con palabras designando grupos sociales que sufren de la discriminación (« Indio », « Gay », « Mujer », « Nica », « Gordo », « Enfermo », etc.) invita al público a armar frases y crear su propio diccionario de connotaciones, sin preocuparse de las convenciones.  Una obra que me pareció muy fuerte fue una instalación en la que un esquema marca los límites de la visión monocular, pero en vez del esperado ojo el artista instaló un machete. El arma blanca tan simbólica de la cultura tradicional de Centroamérica remplaza el órgano visual, con una explicación oftalmológica. En otros términos : nos cortamos, literalmente, la vista.

A la salida de la exposición, una grabación llamada « Yo me Exotizo » hace sonreir al que escucha : a través de una instaación sonora con vinilo, Patricia Belli, Sebastián Belli, Federico Alvarado, Miguel Díaz, Andrés Morale sy María Feliz Morales expresan quiénes son, más allá de las máscaras, sin tabús ni censura, con palabras crudas y un tono de voz atrevido, asumido. Un cuaderno invita al público a intervenir también, y a escribir su forma de « exotizarse ».

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En el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, varias obras hacen referencia a situaciones de dominación de género.

El artista hondureño Roberto Guerrero crea un collage donde presenta su identidad a la vez masculina y femenina, como un manifiesto contra los prejuicios de género.

En esta misma línea, la  artista salvadoreña Abigail Reyes reflexiona a su vez sobre el papel de la mujer en la sociedad. Su instalación “Secretarias” es una suma de  clichés ligados a dicho oficio, sumamente sexuado en América Latina: las flores de plástico, la televisión prendida sobre una telenovela (“Betty la Fea”, nota irónica), el marco de fotos en forma de corazón, el peluche, la máquina de escribir… Al acercarse, el espectador entiende que de ésta sale un rollo de papel con testimonios de secretarias. En una entrevista, Abigail Reyes me explica que son testimonios de mujeres que llevan entre 15 y 30 años de trabajar como secretarias, y que han compartido con ella experiencias en que el jefe ha abusado de su poder. Éste es uno de los muchos testimonios recolectados por la artista:

“Cuando me llamó a la oficina, abrí la puerta y me quedé allí parada.

Me duele la espalda, pongame este parche -me dijo-.

Yo no sé qué cara puse.

Yo no sé hacer eso licenciado -le dije-.

Ay qué mujer, si es bien fácil -me dijo-.

Sí, pero yo no sé hacer eso -le respondí-.”

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Asimismo, la imagen de la secretaria vehiculada a través de telenovelas y de la sociedad en general sigue siendo la de una mujer sumisa y eficaz. “Sé bonita y obedece”.  Abigail Reyes sabe de lo que habla: ella misma fue secretaria (3 años de estudio y 2 ejerciendo la profesión). El rigor, la disciplina, la concepción de la eficiencia, el aspecto físico, y la sumisión son aspectos de la enseñanza que son valorados y hasta requeridos en dicho oficio… Como, en realidad, para todas las mujeres.

Esta obra encuentra un eco en la de la artista guatemalteca Andrea Aragón, quien, con su serie “Super Rubias” resalta un modelo importado y artificial de éxito social, que pasa por el color de la piel y del cabello. Todos sabemos que siendo “canche”, hay más oportunidades de ascensión social que si una es de tez morena y chaparrita… como el 95% de las mujeres de Centroamérica: “Mis amigas de escuela son ahora rubias, porque pueden pagar para verse como quieren ser. Un simple tinte puede subirte de clase social. »

Desde una visión más societal, el artista guatemalteco Benvenuto Chavajay González presentó en el Museo Nacional una obra acción, a la vez happening e instalación, que marcó un hito en la Bienal. Como un eco a la obra de Yasmin Hage (ver artículo “Así es como los artistas Centroamericanos interpretan el siglo XX”), Chavajay reflexiona sobre la ladinización forzada en Guatemala, tomando el ejemplo del apellido “robado” a su propio abuelo: Ixtetelá. Su texto vale la pena ser transcrito:

“Me llamo Benvenuto Chavajay González, hijo de Clara González Baram, nieto de Francisco Ixtetelá González. El apellido “González” fue impuesto a mi abuelo por un trabajador de la municipalidad. Mi abuelo pastoreaba vacas. Cada vaca era un sello en la hoja de la cédula. Cada cierto tiempo, mi abuelo cambiaba de cédula. El trabajador de la municipalidad, un ladino a quien le costaba escribir Ixtetelá, sin informar a mi abuelo, decidió escribir “González” como primer apellido. Mi abuelo era analfabeto. Aclaro, analfabeto según la razón occidental.

Mi abuelo no supo del cambio de su apellido hasta que un hermano menor de mi madre se enteró de la dolorosa anulación de su apellido ancestral. De los cuatro hermanos, dos de ellos llevan consigo ese dolor. Mi madre es analfabeta. Aclaro, analfabeta según la razón occidental.

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Ixtetelá, remplazado varias generaciones atrás por el común González, es recuperado por un acto que se podría calificar de psicomágico: Chavajay le pidió a su madre, analfabeta, que copiara ese nombre con su propia caligrafía hasta recuperar una escritura gráfica, suya. Alrededor de toda una sala del museo, Chavajay pegó con cinta todas esas hojas que poco a poco fueron adquiriendo su propio sentido. Y allí mismo, durante la Bienal, se hizo tatuar su nombre ancestral debajo del ombligo, con la última grafía de su madre, la más cercana a lo que ella verdaderamente es y la más alejada de lo que la sociedad le ha impuesto. Fue una reapropiación de su propia identidad, y de la de su familia.

Legalmente, el artista ha lanzado un proceso jurídico para recuperar su apellido.

La reflexión aquí va más allá de las simples actitudes impuestas o esperadas por la sociedad. El artista, por un acto sumamente personal, resalta la realidad de millones, a quien de alguna forma, se ha negado la propia identidad. El modelo-molde del éxito social, terriblemente homogéneo, no deja espacio a la expresión del verdadero Yo, ya sea éste heredado (como en el caso de las raíces familiares de Chavajay) o, por lo contrario, individual, como en el caso de Roberto Guerrero o los participantes al “Yo me exotizo”.

Obras que subrayan lo que generalmente se oculta, obras que gritan lo que se suele callar, obras que sirven de portavoces de muchas mujeres y hombres centroamericanos, para que logren asumir su verdad, sin censura ni, lo que es peor, autocensura.

 

 

 

 

La Bienal Centroamericana 1: ¿Existe un arte Centroamericano?

Una lectura de la Décima Bienal de Centroamérica

Vivo en Paris desde ya dos tercios de mi vida, sin embargo Guatemala sigue habitándome. En cuanto el tiempo y el banco me lo permiten, regreso imantada por mis raíces, que con el paso del tiempo se vuelven cada vez más amplias: ahora las siento más al norte y más al sur que antes.

En mi sagrada y acelerada temporada en Guatemala este año pude rascar de mi tiempo apenas tres días, 72 horas para un peregrinaje a la Bienal Centroamericana. Hace dos años pude visitar la que se llevó a cabo en Guatemala y me prometí no dejar pasar la ocasión de tomar ese pulso del arte de la región mágica y turbulenta que me vió nacer y que me inspira hasta el otro lado del charco.

De La Aurora, tomo un vuelo con escala en San Salvador y me parece una señal para este artículo. En el Aeropuerto Monseñor Romero, bajan a los pasajeros del avión. Me da tiempo de comerme una pupusa que me sabe a gloria y de escuchar una versión más de nuestro variopinto español. Nos vuelven a subir para otra  hora y media más de vuelo.  En el avión se oyen los “mae”, los “mano” y los “majes”. Desde arriba se divisan como parches los campos de maíz, pueblitos, barrancos, montañas, ríos y volcanes, nubes oscuras y luego el “azul bandera” de ese cielo que tanto se añora cuando se está lejos.  Desde arriba no se ven las fronteras.

Versión 2

Recién salida del aeropuerto Juan Santamaría en San José Costa Rica, empiezo a sentir en mi piel una ceniza que va penetrando hasta en mi nariz, mi garganta, mis pupilas.  “El Turrialba” me dicen, entre dos tosidos señalando al Volcán que domina el paisaje. Veo la nube enorme, oscura y la lluvia de cenizas que fertiliza la tierra pero paraliza la ciudad. No podía haber soñado una bienvenida más explosiva.

En el bus que me lleva al centro, pienso en Centroamérica. Esa tierra puente entre dos continentes, entre dos océanos. Tierra joven, por su geología y su población. Tierra convulsa, por sus volcanes y sus políticos. ¿Qué más nos une?

Ciertamente han habido esfuerzos políticos para unificar, desde la Colonia hasta los procesos de Paz. Todos los 15 de septiembre desde hace 195 años, las antorchas siguen recorriendo el Istmo, festejando la misma Independencia desde Retalhuleu hasta Puerto Limón. Los quince años (1824-39) de la República Federal de Centroamérica fueron seguidos por los tres de la Confederación Centroamericana (que unía a El Salvador, Honduras y Nicaragua, de 1842 a 1845): ambas utopías que, sin embargo, llegaron a ser realidad. Los acuerdos de Esquipulas, firmados recién acabada la Guerra Fria, le mostraron al mundo que Centroamérica no necesitaba de ninguna potencia para tomar en mano su pacificación.

El Parlacen, el Consejo Monetario Centroamericano, la Corte Centroamericana de Justicia o la SIECA, son instituciones que nacieron en el siglo XX, nombres que harán sonreír a más de alguno pues han perdido credibilidad. Pero los cito por ser portadores, al menos en su concepto, de ese ideal que soñó un día Francisco Morazán.

La Bienal es otra de esas utopías, una que tiene el mérito de la continuidad y del crecimiento. La idea nació en los idealistas años 70’s, y aunque se quedó en desuso hasta la década de los 90, fue rescatada al despertar de las pesadillas.

En 1998, la Fundación Paiz organiza en el Centro Cultural Miguel Angel Asturias la 1ª Bienal de Pintura del Istmo Centroamericano. Esta idea habría nacido en un avión, donde dicen que dos grandes empresarios centroamericanos soñaron juntos con una unión mediante el arte. No sé si sea cierta la leyenda, pero me gusta: “desde arriba no se ven las fronteras”, insisto.

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Desde entonces, la cita artística se ha ganado el título de Bienal: los organizadores han logrado, en un milagroso trabajo de equipo, el reto de instituir una muestra de arte contemporáneo del Istmo que se realiza de forma rotativa en cada país de la región cada dos años. El anfitrión (Fundación Banco Promérica en Honduras, El Salvador, Nicaragua y Panamá, Empresarios por el Arte en Costa Rica, y Fundación Paiz para Guatemala) produce la Bienal que le toca, apoyado por un numero siempre creciente de patrocinadores. Generalmente cada país propone a seis artistas sobresalientes, sumando así 36 “embajadores” artísticos de la región. Las exposiciones son ideadas por un/a curador/a general. De “Bienal de Pintura” pasó a ser “Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano” (BAVIC), y este año se acortó a “Bienal Centroamericana”.

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Así llegamos a “La Décima”. Cojeando tal vez, con cambios, ajustes y opiniones diversas, pero los esfuerzos del pasado han dado sus frutos: diez ediciones de una bienal la hacen ya una institución respetable en el mundo. Para esta edición, la curadora cubana Tamara Díaz Bringas instauró un sistema diferente: nombró a un co-curador por cada país (Marlov Barrios para Guatemala), encargado de invitar a artistas compatriotas, descentralizando así las decisiones y fomentando espacios de encuentros.

“Bordados y desbordes” es la línea directriz de la Bienal, el hilo rojo desde que inició la reflexión. Bordados por los tejidos que se pueden entrelazar entre artistas y expresiones de la región, en la estética, en los procesos, en las temáticas.  Desbordes porque en Centroamérica no es válido encasillar nada, y menos el arte. Díaz Bringas afirma, en la entrevista publicada por la Revista “Gimnasia” en agosto de 2015, que esta bienal no se trata de realizar una selección a través de nombres y carreras; sino más bien indagar en los procesos de creación y en los contextos que los vieron nacer.

Para la curadora Cubana residente en España y Tica de corazón, el arte no se puede considerar fuera de su contexto, pues este adquiere su sentido desde los medios de producción, los espacios de difusión y los lugares de encuentro con el publico. La temática de esta bienal fue “Todas las Vidas”, como una invitación a la reflexión sobre las múltiples vidas posibles y reales en Centroamérica, y en el valor que se le da a cada una. Fueron este ano 58 los artistas y 12 los proyectos colectivos seleccionados, provenientes de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Vaya reto. “Un despelote”, dicen los organizadores mientras sonríen.

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Pasé dos días recorriendo las diferentes sedes, conociendo a artistas y organizadores, platicando con el curador costarricense Edgar León, leyendo, viendo y tomando notas mientras intentaba proteger mi cámara de las cenizas despiadadas.

No voy a proponer aquí un visita por todas las sedes. Tras el desmontaje de la Bienal a inicios de octubre, y ya de regreso a mi cotidiano parisino, más bien voy a tejer mi propio bordado de lo que vi, de lo que viví, de lo que me marcó.

Para tejer mi trama de “la Décima”, escogí estos hilos directores

  • Memoria histórica y subjetividad de la Historia
  • Mecanismos de poder en la sociedad
  • El ser humano ante la Naturaleza: la ilusiva dominación

Cinco hilos que iré desarrollando a lo largo de varias semanas, en esta mi columna de Nómada, tratando de tejer mi telar del arte actual en Centroamérica y tratar de contestar a mi pregunta: ¿Existe un arte centroamericano?

Escribo con la esperanza de que las obras sigan bordando en las mentes de mis lectores y, sobretodo, desbordando de ellas.

Erick González. Guatemala. París. Phnom Penh. La trayectoria de un artista sui generis.

 

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La historia es inverosímil. « Un artista guatemalteco haciendo Street Art en las calles de Phnom Penh. » Podría ser el punto de partida para un ejercicio literario, en algún taller sobre realismo mágico impartido por un excéntrico escritor en México DF o Buenos Aires.

Pero aunque tenga bastantes ingredientes mágicos, este cuento también es real. Lo afirmo con tanta seguridad porque para cerciorarme, quise ver con mis propios ojos dicho fenómeno de sincretismo cultural concentrado en una persona.

Erick González y yo nos habíamos conocido años atrás, cuando, buscando un artista guatemalteco para exponer en La Cafeotheque, me topé con sus obras. Éstas me habían parecido atrevidas, muy gráficas y a veces un poco sombrías; con un mensaje fuerte y directo. En esa época, Erick acababa de descolgar una exposición en la sede de la UNESCO, y algunas obras se fueron directo a mi cafecito de la Rue de l’Hôtel de Ville. Desde el inicio me había sorprendido la gran humildad de Erick ante la vida: con su mirada, parecía siempre inquisitivo, como queriendo ir más allá de lo que todos aceptamos como incuestionable. Recuerdo que en aquella época yo estaba empezando mi tesis, y su visión sobre memoria histórica y arte contemporáneo en Guatemala que me compartió mientras colgábamos su exposición me volvía a la mente como un boomerang, varias veces a lo largo del proceso de reflexión y escritura. A pesar de vivir en Francia desde finales de los 90’s, Erick siempre supo dejar un pie en Guatemala; estaba constantemente al corriente de las últimas noticias políticas y culturales.

Así seguí siguiendo, de cerca o de lejos, su trayectoria de artista; y antes de que partiera para tierras orientales, le compré una obra que ha cobrado un significado fuerte en mi  vida.

Unos meses después le pregunté: “¿Cómo te sientes en Camboya?” Su respuesta: “De este país no me saca ni la migra”.

Tenía que ir a ver a ese mi compatriota fenómeno. Aprovechando de una misión cafetera en el Vietnam vecino, y tras un pequeño desvío por los templos de Angkor Vat, tomé un autobús rumbo a la capital camboyana, Phnom Penh. Y allí, con 45ºC y una humedad que nos hacía dudar del límite entre nosotros y el medio ambiente (las gotas que caían de nuestra frente ¿habrán sido sudor o agua condensada en la atmósfera?); allí donde las motos pasan a toda velocidad y en un caos abrumador aunque aparente; allí donde la ciudad late al pulso de sus habitantes, donde las calles son un espectáculo de luz, sonido y olores… nos sentamos afuera, de noche, en una mesita de plástico, iluminados por un farol de neón. Saqué la grabadora y aquí empezamos:

 

CCM : Erick, cuéntame… ¿Cuál fue la revelación que te hizo tomar el camino del arte?

E.G: La revelación tiene nombre y apellido: Roberto Cabrera. Recién egresado de la universidad, seguí un taller de unos meses con los Maestros Efraín Recinos y Roberto Cabrera. Entre ambos fue el segundo quien me abrió los ojos. Para mí y a mi escala, eso fue como el efecto que hizo Duchamp en el arte moderno, un punto y aparte, una página que se volteaba. Yo ya creaba, pero de la manera más clásica: pintura, dibujo, etc.; pero en esos pocos meses cambió mi visión del arte y de mi precario trabajo. Creo que lo más importante fue cambiar mi foco de interés, dejar de representar mis cosas personales y centrarme en lo que pasaba afuera en ese tiempo y en ese espacio, la Guatemala de post guerra.

 

CCM : ¿Eso es para ti el arte contemporáneo ? ¿Qué papel desempeña, según tu, el arte en el mundo?

E.G: Yo creo que un artista refleja bien la sociedad en la que vive y en la que participa. Es a la vez actor y analista. Por supuesto, como cualquier persona, es parte de la sociedad, pero también, como un sociólogo, toma  distancia para poder hablar de esa sociedad. Arte, sociología, antropología… todo eso está muy relacionado. Asimismo el artista no puede, según mi percepción, ser egocéntrico. Por supuesto, cada visión viene de un interior. Pero su mirada no está dirigida hacia dentro sino hacia fuera.

 

CCM: ¿Cuál es el papel del público entonces?

E.G: Lo que un artista contemporáneo crea no son trabajos digeridos o finalizados sino obras que dan inicio a otra cosa o a otra forma de ver las cosas. Lo interesante es lograr que el público participe en ese proceso, que no sea pasivo. De cierto modo el público finaliza la obra, la reinterpreta o le da otro sentido.

 

CCM: ¿En qué sentís que tu carrera de comunicólogo ha influenciado tu trabajo?

E.G: Yo creo que no hay una gran diferencia porque el arte actual está muy ligado al discurso que está en la obra. Digamos que en muchas obras actuales el interés no está en el objeto sino al discurso que lo acompaña y le da sentido, esto toca directamente la comunicación y la manera de argumentar un trabajo. El objeto de arte no vale tanto en sí por lo que es materialmente sino por su valor simbólico. Cómo dice una crítica famosa: “El arte es la fusión de la materia gris con la materia plástica”. O sea de los aspectos conceptuales y estéticos. Yo agregaría la dimensión sensorial o emocional.

 

CCM: Hablemos de tu experiencia en París ¿Cómo sentiste que la Ciudad Luz te recibía como artista guatemalteco? 

E.G: Yo creo que no es fácil ser artista en ninguna parte del mundo. Pero como latinoamericano, como guatemalteco, tienes un toque tuyo que puede hacer una diferencia; porque solo tú puedes hablar de lo que has vivido en tu país; y al público eso le interesa. La legitimidad viene de cuando hablas de lo que conoces y no de otra cosa. Ser guatemalteco en París me abrió puertas. Uno de los saltos en mi carrera fue el Festival sobre la Diversidad Cultural de la UNESCO. Un país como Guatemala escasamente representado en la escena internacional del arte (y no por falta de buenos artistas sino más bien por problemas de difusión) tiene todo su lugar en un ámbito semejante; sobre todo porque hay poca gente que conoce Guatemala.

 

CCM: ¿Así que tú, en París, tomaste como tema de predilección tu guatemaltequidad?

E.G: Mmmm… no necesariamente. Yo siempre le he huido a los nacionalismos. Yo pienso muy poco en mi “nacionalidad” son los demás que me la recuerdan, a un artista no lo puedes categorizar sólo por su pasaporte. En realidad un artista, a través de sus obras, toca temas universales pero a menudo con ejemplos locales. En Francia, como Miguel Ángel Asturias, yo me enteré que era Guatemalteco, latinoamericano, maya… Yo quería hablar de cosas universales, pero me puse a crear tocando temas del drama guatemalteco … de la guerra, de la exclusión… desde mi propia vivencia como persona de barrios marginales… había algo que yo quería mostrar y que yo no quería que estuviera ligado necesariamente a Guatemala, aunque siempre, de alguna forma, Guatemala me alcanzaba porque la tengo adentro. Pero la intensión es que también resonaran esos temas en el público francés… porque aunque sean formas diferentes, los temas son universales.

 

CCM: Ya… ¿Tu diferencia se volvió una riqueza entonces? Dentro de ese mercado tan inmenso como dices, en ese mar de artistas y de instituciones culturales, ¿el ser guatemalteco te ayudó?

E.G: Eso me aportó una diferencia en la forma. Hay una estética latina y guatemalteca. Uno está marcado, indudablemente, por la estética que lo rodea. A mí me marcó Luis González Palma, Roberto Cabrera… dos grandes. Esas diferencias las notas afuera. En la forma, eres diferente; pero en el fondo… tu eres uno entre miles que han vivido la misma historia. Los temas son universales, lo que cambia es la forma de haberlos vivido y de representarlos, el contexto. Los Guatemaltecos tenemos una historia similar a la de tanta gente del mundo… como los Camboyanos por ejemplo.

 

CCM: Justamente, Camboya. ¿Cómo te percibes tú aquí, en comparación a París?

 E.G: ¡Extranjero en ambos países claro! Pero yo siento más cercanía de corazón con Camboya que con Francia; aunque Francia es algo a lo que pertenezco también, el Occidente. Pero históricamente, nos parecemos con los camboyanos. Primero, por venir de una gran civilización. De nuestro lado los Mayas, de este lado los Khmers. Segundo, somos países del llamado “Tercer mundo”, con coincidencias en lo bueno y en lo malo: calidades humanas, como la amabilidad, la ligereza, esa forma de encontrarle más bien una solución al problema en vez de quejarse. También en la exclusión, las desigualdades. En tercer lugar, los genocidios del siglo XX, tanto en Camboya como en Guatemala, terriblemente sangrientos. Así que ambas, en la actualidad, son sociedades de postguerra que reconstruyen el tejido social, la psicología colectiva, que se reconstruyen como país, en sus infraestructuras, etc.

 

CCM: ¿Eso a ti te inspira en tu creación? Te pregunto porque aquí has desarrollado aún más tu expresión callejera. El arte urbano es una forma mucho más directa de acceder al público … en París tenías algunos mensajes, aquí tienes otros. ¿Qué mensajes quisieras trasmitir aquí?

 E.G: El viaje en Camboya es como viajar en el tiempo. Yo siento que estoy viviendo de nuevo los primeros años de postguerra en Guatemala digamos (aunque aquí el conflicto terminó antes). Para mí, del 96 al 2006, fueron años muy ligeros en la ciudad. Era muy bonito, saber que ya había terminado la guerra, había esperanzas de que las cosas cambiaran. Yo aquí tengo la sensación de que ya viví esto. Quisiera avisar, prevenir, rogar que no cometan aquí los mismos errores. Como si fuera una segunda oportunidad de decir las cosas, como si lo que no pude decir en su tiempo en Guatemala por falta de experiencia, lo pudiera hacer acá. Quisiera decirles que tengan cuidado, que cuiden su cultura, su identidad, que no entren en la espiral de la violencia. Que no dejen que su riqueza cultural desaparezca con la “modernidad”. En la última exposición que hice, había una obra sonora llamada “Recuerdos Futuros”, en la que hago referencia a este momento histórico, porque siento que está ya pasando muy rápido. El registro sonoro que hice de la ciudad es como un testigo de la vida callejera que existe hoy en Phnom Penh (vendedores callejeros, reparadores, repartidores, la voz de la ciudad…) y que seguramente desaparecerá como también ocurre en Guatemala.

 

CCM: ¿Entonces estar aquí es para ti también regresar a los 20 años?

E.G. (se rie)… Si, también me da cierta conciencia de mis limitaciones. Cambiar de país es como reiniciar una carrera. Adaptarse a nuevos códigos, y crear otros. Es muy difícil entender realmente la cultura Khmer. Como artista acá me siento más seguro de lo que hago, como si mi carrera hubiera encontrado una síntesis aquí entre París y Guatemala. Pero al mismo tiempo descubro otra cultura, tan ajena.

 

CCM: ¿Y cómo sentís la recepción de tu arte por los Camboyanos?

E.G. Ellos están muy  curiosos de ver lo que hacen los extranjeros. Si, ciertamente, la exposición de Bophana Center fue muy interesante. Aquí no están acostumbrados al arte conceptual. Para el público camboyano ver instalaciones y objetos… no es sencillo. Hay curiosidad ante la novedad; sobre todo en las nuevas generaciones. Por otro lado, en lo que concierne al Street Art, aquí hay muchas creencias. Por ejemplo, si uno pone un rostro en una pared, sienten que estás invocando a un espíritu y eso les da miedo. Tuve un problema con una obra que retomaba la imagen de una bailarina sagrada Apsara; yo presenté el proyecto donde multiplicaba la imagen como pétalos de rosa de tal manera que en un momento quedaba boca abajo. No la pude realizar en el festival Cambodia Urban Art 2016 porque las autoridades locales no aceptaron el proyecto, la razón es que un personaje sagrado no puede estar de cabeza. Así que hay códigos que aprender para poder expresarte libremente, pero los veo más como reglas de juego que como censura.

 

CCM: ¿Así que sientes que está cambiando?

E.G Si, empieza. Como en los años 90 en Guatemala, cuando nacieron los movimientos como la Casa Bizarra, escritores, artistas plásticos… Aquí lo estoy viviendo ahora.

 

 

Vacíos

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Libro perforado y esfera transparente. 2011

“Yo quería representar en esta obra los vacíos de la historia, la información que se nos ha negado en la escuela, en los medios de comunicación, y hasta en la propia familia (sobre todo la historia reciente del conflicto armado). Borrar, eliminar, manipular, destruir la información, yo sólo hice como ellos han hecho siempre”

Forgive forget (Olvidar o perdonar, uno de los dos es falso)

Texto y espejo.

“Esta obra habla de la dificultad de conciliación en un periodo de post guerra. Perdonar u olvidar? esa es la pregunta”

 

Wrapped Buddha

Wrapped Buddha,

“Este objeto es especialmente representativo -a mi parecer- de la actualidad de Cambodia y de otros paises de la región. El occidente irrumpe en forma de poderosos inversionistas y para mucha gente representa también un modelo de vida exitosa. La estatua de Buddha está recubierta de una T shirt de Mikey, imagen caricaturesca del occidente que invade la tradición y la identidad de algunos países vulnerables como Cambodia”

 

The red machine -La máquina roja-

Christina Chirouze Montenegro Chapirisina

“Esta es una foto compuesta por un objeto y una foto existente en el museo de Tuol Sleng (S21), antigua cárcel y centro de tortura del ejército Khmer Rojo. El objeto servía para posicionar bien a las víctimas y tomarlas en foto para estar seguro de no desperdiciar película fotográfica. Lo terrible es ver como este sistema perverso funcionaba como una maquina bien aceitada para responder a los intereses del Angka o régimen del dictador Pol Pot. Nada fue dejado al azar, todo estuvo calculado.”

 

Teoría de la relatividad o el peso de mi alma

Erick Gonzalez Guatemala

Esfera de metal y cedazo 2016

“Este objeto, suspendido del techo, reacciona ante cualquier corriente de aire y gira en su propio eje, flota y se mueve modificando la percepción entre lo liviano y lo pesado.”

Yo quería representar el peso de la espiritualidad en la sociedad camboyana (90 por ciento de la población es budista) -necesaria a mi parecer para una reconciliación con su historia- y para ello creé esta imagen metafórica del alma, siempre tan liviana, casi imperceptible pero con un fuerte peso en nuestra vida cotidiana.

 

Aqui el collage que le ayudé a realizar en las calles de Phnom Penh